miércoles, 7 de diciembre de 2011

Todos los días un plátano, por lo menos

En los años 70, cuando yo era una niña, desde la televisión nos animaban a comer un plátano al día. ¡Todos los días un plátano, por lo menos!, decía el eslogan de los productores de las Islas Canarias. En las islas afortunadas, donde las malas lenguas decían que la fruta no tenía sabor, ni las flores olor, ni las mujeres pudor, el plátano era la excepción sabrosa, muy superior a la banana caribeña. ¡Y no es amor patrio! Luego, con los años se convirtío en la "fruta prohibida": engordaba demasiado!!
Un clérigo islámico residente en Europa volvió estos días a poner el plátano sobre la mesa al asegurar que las mujeres no debería estar cerca de plátanos y de pepinos para poder evitar que se desencadenen "pensamientos sexuales" por las semejanzas con el órgano sexual masculino. El hombre, que no ha querido dar su nombre,  y yo creo que hizo bien, no vaya a recibir algún pepinazo, llega a asegurar, y no es una broma, que las mujeres que quieran comer plátanos y pepinos tienen que solicitar la ayuda de un hombre cercano, para que se encargue de cortarlos antes de servirlos en el plato.  No contento con este hondo pensamiento, pretende incluir las zanahorias y los calabacines en la lista de alimentos prohibidos para mujeres. Creo que en esta ocasión hasta la comunidad musulmana se ha reído a carcajadas por la ocurrencia. Es una pena que no se rían también del velo, de la prohibicion de salir de casa solas, de la prohibición de trabajar, de conducir, o de vivir!!! En cualquier caso, los exportadores de plátanos deben estar agradecidos por la campaña. Además de nutritivo y sabroso ahora pueden venderlo como producto afrodisíaco: un nuevo mercado se abre.