lunes, 20 de mayo de 2013

El niño perdido de Thomas Wolfe

Una pequeña joya. Un ausencia que duele, una herida revivida a cuatro voces. Grove nos enamora con su impulso juvenil, con su mundo propio, con sus 12 años llenos de promesas. Una instantánea, una escena que se graba en nuestra mente.
Su madre y su hermana completarán para nosotros los hechos terribles que llevan a su fatal pérdida. Su hermano, el escritor, es la cuarta voz, la memoria viva que recupera la tragedia y la dulzura. La nostalgia nos envuelve. La película narrativa se rebobina y volvemos a sentir la luz en la calle desierta, el sol en la habitación de la planta baja. Sentir, ver. Esta es la clave. Una pérdida que no nos abandona al cerrar el libro. Una historia poética y perfecta. Todo encaja.