domingo, 7 de octubre de 2012

Invertir con el corazón: una receta a medio camino entre el budismo y la sensatez


Jugar en bolsa y ganar parece sencillo de la mano del bróker José Antonio Madrigal. Su receta combina la sensatez y el budismo en un camino a la felicidad.
Comprar las acciones en su máximo, vender en cuanto empiezan a darnos pérdidas (sin esperar a que vuelvan a subir), invertir a largo plazo y ser humilde. Esta es la receta que el bróker José Antonio Madrigal, con un vocabulario cercano y fácil de comprender, propone en su libro Gánate y ganarás en bolsa. El éxito radica en tu interior. Parece fácil, pero el autor, experto operador que lleva en este mundo desde los 17 años, advierte de los peligros: «El ser humano pierde en la bolsa». Así de claro.
Todo el mundo cree que ganar es sencillo, pero las estadísticas dicen que solo ganan entre el 2 % y el 3 %
de los que invierten. Por lo tanto, lo normal es perder. Pero Madrigal desvela la clave: «La gente pierde porque no tiene la paciencia de aprender».
Y tras este jarro de agua fría, Madrigal nos invita a empezar la aventura inversora desde nuestro interior, desde nuestro corazón, mostrándonos dispuestos a dar la batalla, a no rendirnos nunca. Para ello recurre a una fábula muy clarificadora: Dos ranas caen a un cubo con leche y sus compañeras les instan desde el borde a que se resignen a lo inevitable, que se dejen morir. Una se rinde, mientras que la otra —que es sorda— lucha y patalea hasta que la leche cuaja y logra impulsarse. «Pelea hasta el final y no escuches a nadie, así triunfarás». Es la moraleja que el autor pretende mostrar con este cuento.
El juego de la bolsa exige una combinación de sensatez y toques de budismo, una peculiar fórmula para convertirse en un inversor ganador y en un hombre feliz. «Sea buena persona y los mercados le recompensarán», apunta.
Es importante conocer, formarse y controlar los riesgos, explica; pero es imprescindible tener claro cuándo hay que salirse en el caso de que la inversión no tome el rumbo esperado. Es imprescindible saber perder con humildad y reconocer los errores.
Los seres humanos queremos una recompensa inmediata, explica el autor. Así, cuando obtenemos un pequeño beneficio lo sacamos y cuando tenemos pérdidas albergamos esperanza de recuperarlas y somos capaces de estar años y años con una acción que da pérdidas; algo que hay que evitar.
Si es de los que vive pendiente de la cotizaciones, relájese. Madrigal recomienda, siempre en un tono sencillo y coloquial, invertir a largo plazo y olvidarse de si las acciones suben o bajan cada día.
Es como el peso, explica, podemos estar engordando y sin embargo la báscula puede registrar pequeñas bajadas de peso de un día a otro, que luego se recuperan. Habrá que mirar cual es el peso en un plazo más largo para saber la evolución real, una acción que también se debe trasladar a las acciones.
De hecho recomienda no mirar las cotizaciones más de una vez a la semana. Algo que además, añade,  nos dejará más tiempo libre para disfrutar con la familia y amigos y más tiempo para ser feliz. «Cuanto mejor sea en la vida, mejor será en la bolsa y por tanto más beneficios obtendrá, ya que no se fijará en los vaivenes de un corto espacio de tiempo. Prevalecerán los resultados a más largo plazo y entonces lo habrá logrado», dice.
Este experto propone también comprar las acciones que suben, no las que bajan (nada de buscar gangas) y seguir los consejos más clásicos de la abuela, no poner todos los huevos en la misma cesta; diversificar. «Promediar a la baja es la manera más rápida de arruinarse», asegura. Esta es otra de la bazas del juego, en el que nos sugiere actuar guiados por el espíritu, y jamás caer en el desánimo. «Si de verdad quiere ganar, prepárese, estudie, lea, aprenda, equivóquese, luche y ante todo recuerde en todo momento ser feliz, ya que la felicidad es el camino y no el destino». Una felicidad que, añade, se siente en la bolsa con cada cosa que se aprende. José Antonio Madrigal (1975) ha trabajado con diferentes intermediarios de las finanzas desde los 23 años. En la actualidad maneja un fondo de una entidad portuguesa para la bolsa de EE.UU. y ha creado el club de inversores Tortugas Hispánicas. Todos los beneficios del autor sobre este libro serán donados a la asociación Afanoc dedicada a los niños con cáncer.
Publicado en La Voz de Galicia