jueves, 6 de noviembre de 2014

Stephen King apuesta al negro



Acción trepidante, casi desenfreada en este thriller de ratón y gato con el que Stephen King vuelve por Halloween. Es una historia de detective al viejo estilo de novela negra, de las denominadas hard-boiled.. Ya con su capítulo inicial nos encoge el estómago y nos hace palpitar el corazón. Un coche de lujo, una madrugada helada y con niebla densa, una cola de parados y desesperados a la búsqueda de una oportunidad. Niños, madres, hombres. Ya estamos dentro. No hay fantasmas ni espectros ni fenómenos paranormales, pero a veces la brutalidad de un asesino sin alma que mata por puro disfrute es más terrorífico que cualquier monstruo del averno. Es Mr Merecedes, un asesino inteligente y loco que quiere su momento de gloria . "La verdad es la oscuridad, y lo único que importa es hacer una declaración antes de entrar en ella. Cortar la piel del mundo y dejar una cicatriz. Eso es lo que es la historia, después de todo: tejido cicatrizal.", así lo explica.Ya estamos dentro.
A pesar de la tensión que atraviesa la novela King nos regala también momentos de humor, negro, pero divertido. En medio de esta carrera contra el reloj para evitar que el asesino cometa un nuevo crimen masivo hay también los errores absurdos tanto del asesino como de la banda de extraños personajes que intentan pararlo. Hay un veneno que va a parar a quien no debe o un conductor que cede el puesto en su coche. Coincidencias que suponen cambios del destino.
Aunque cumple con los clichés del genero también sabe distanciarse. Nuestro detective, que debe operar en los márgenes de la ley,  es un hombre al borde del suicidio, que ya se ha cansado de beber y encuentra su salvación en el amor de su vida de una mujer maravillosa. Su rival, el asesino sin alma, procede de una familia desestructurada pretende, una venganza personal y tiene una relación enfermiza con su madre. Estos son los anatagonistas. El resultado, una historia que nunca más nos dejará mezclarnos con una multitud sin sentir la angustia del peligro inminente. Quedan avisados.

Publicado en La Voz de Galicia