domingo, 6 de abril de 2014

El detective Marlowe vuelve en el más puro estilo blanco y negro


                                 




















Marlowe ha vuelto. Los seguidores del detective están de enhorabuena.. El gran John Banville, bajo su  oscuro seudónimo Benjamín Black, ha obrado el milagro. El personaje creado por Raymond Chandler en 1934 regresa a nosotros en el más depurado estilo blanco y negro.
"Era martes, una de esas tardes de verano en que la Tierra parece haberse detenido. El teléfono, sobre la mesa de mi despacho, tenía aspecto de sentirse observado. Por la ventana polvorienta de la oficina se veía un lento reguero de coches y a un puñado de buenos ciudadanos de nuestra encantadora ciudad, la mayoría hombres con sombrero, que deambulaban sin rumbo por la acera", así comienza  "La rubia de los ojos negros"  y desprende un aroma de época que nos deja entrever tras el humo del cigarro el rostro del carismático Humphrey Bogart. Ni el fanático más purista podría ponerle pegas a esta versión mejorada de Philip Marlowe que bebe de las fuentes directas de su creador e, increíblemente, lo supera. El  lector avezado incluso encontrará algunos nombres conocidos como Rusty Regan de "Sueño Eterno" o a Terry Lenox de "El largo adiós", historia de  la que puede considerarse continuación, aunque se leen de forma independiente.
La trama es clásica: una rubia de profunda mirada, largas piernas y cuenta corriente abultada, busca a un amante desaparecido. Es Clare Cavendish, la rica heredera de un emporio de perfumes, que pretende que Marlowe encuentre a  Nico Peterson. Un amante que transita de la vida a la muerte, y viceversa,  a medida que avanza la historia.
Arranca la década de los cincuenta y estamos en  Bay CityNuestro detective todavía fuma y bebe, pero es algo menos racista,  menos misógino. Por momentos, hasta tierno. "La abracé y, bajo mis manos, sus omóplatos me recordaron dos cálidas alas cuidadosamente plegadas", dice.  Un Marlow tan humano que hasta se atraganta: "Debió de percibir la incomodidad que me creaba su velo, pues, levantando una mano, lo apartó de su rostro. Sin él sus ojos resultaban todavía más  impresionantes; al contemplar su lustrosa e intensa negrura, sentí un nudo en la garganta".
Banville, que definió el desafío propuesto por los herederos de Chandler como una gran aventura,  rinde homenaje al maestro y toma ya desde el título, sacado de unas notas dejadas por el creador, la senda marcada. El reto no era fácil y menos para una primera figura de las letras irlandés, que incluso se permite el guiño de burlarse del acento británico de algunos de los personajes. Pero su exquisita prosa lo logra:  “Los murciélagos chillaban y aleteaban, como fragmentos de papel carbonizado sobrevolando una hoguera”.
Nuestro rudo detective está de vuelta y con él todo el universo de clases sociales enfrentadas: ricos sin escrúpulos y matones de medio pelo. Pero también los paisajes, las reflexiones sobre la vida y la muerte y sobre el amor. "El largo adiós" que nos anunciaba Chandler  finalmente no ha sido tan eterno como su sueño. Esperemos que venga para quedarse.


Publicado en La Voz de Galicia.