martes, 2 de abril de 2013

Ni de Eva ni de Adán, risas amargas con Amelie Nothomb

Esperaba reírme. Era lo que me habían contado. Amelie Nothomb te hace reír, me dijeron. Pero lo cierto es que la novela ni de Eva ni de Adán me ha dejado un extraño regusto de nostalgia. Casi de tristeza.
Es cierto que el choque de culturas (asiática-europea) propicia algún gag simpático, surrealisa,  que logró que esbozara una sonrisa. Pero la desubicación de Amelie ante el mundo, su incapacidad para amar, su cinismo ante un joven que la ama... no me dejaron disfrutar de los chistes.
El encanto de la novela es Japón y las costumbres de los japoneses. Su paisaje, sus comidas, su estilo de vida llegan hasta nosotros sin artificios. Te enamoras del país, anhelas saborear sus platos, conocer a sus ancianos, a sus jóvenes, sus ideas sobre nosotros.
_ ¿Qué opinan los japoneses del papa?, pregunta Amelie.
_Nada ... (esta es la respuesta) .
Pues nada, a seguir leyendo...