martes, 15 de marzo de 2016

Otra manera de contar la guerra. Un libro dos visiones


No es una novela histórica, ni tampoco bélica, aunque la historia se desarrolla en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial y tiene a dos excombatientes como principales protagonistas. Pierre Lemaitre que obtuvo este año, centenario de la Gran Guerra Europea,  el prestigioso premio Goncourt de las letras francesas con Nos vemos allá arriba, consigue un libro apto para todos los públicos lectores que se nutre de la tradición picaresca del Lazarillo de Tormes sin renunciar al legado de Victor Hugo y sus Miserables o incluso al de  Proust. Para ello se vale de dos personajes opuestos por ideología y procedencia que tendrán que abrirse camino hombro con hombro en el París hipócritamente heroico de la posguerra.
Desde las primeras líneas Lemaitre nos atrapa y nos hace oler y sufrir los rigores de las trincheras, sin ahorrarnos detalle. Una batalla final en la que el peor enemigo de los soldados son superiores. Nos conduce después por las calles de un París que se olvida de sus héroes y los condena a la miseria, mientras otros se enriquecen con el negocio de las tumbas o los mausoleos en honor de los patriotas muertos. Amor, traición, amistad y venganza se cruzan en un relato de corte clásico que permite distintos niveles de lectura y que desborda acción e intriga. Una novela psicológica presentada a ritmo de thriller que disecciona el mundo de los excluidos y  los esfuerzos de superación personal.


Publicado en La Voz de Galicia

Por Pucho Méndez:

Novela  bien escrita pero sobre todo desesperanzada y con un importante  poso de amargura en toda ella. La historia es la de dos hombres que unidos por la gran guerra,  verán sus vidas entrelazadas para siempre , de lo que se trata es de manifestar sin ambages ni disimulos , lo que significa el horror y el pavor de la guerra , y como los que” pagan el pato” son siempre los mismos desgraciados. Al mismo tiempo vemos que el egoísmo brutal se acrecienta en tiempos de guerra, ya sea en su forma más soez y rastrera , como la que practica el teniente d Aulnay Pradelle  prepotente oportunista y auténtico malnacido , ya sea en su forma más picaresca y a veces justificable , como la que practican los dos protagonistas . Lo que de verdad impresiona en el relato , no son tanto  los millones de muertos a los  que “ veremos allá arriba”, sino los grandes mutilados que arrastraran sus taras físicas y sicológicas durante muchos años y que siguen   sin encontrar  el porqué de sus  heridas. El horror es también  el hedor constante de heridas abiertas que no quieren ser cerradas ,  que inundan toda la novela y que estremecen al lector y producen cierta repugnancia , gran alegato contra la guerra que como siempre no servirá para nada .