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domingo, 3 de noviembre de 2013

Fin de semana en Trujillo con visita a Cáceres y Monfrague. Tierra de conquistadores.

Abre los ojos porque Cáceres te va a sorprender.

Día 1. Monfrague. Es viernes. Nos acercamos a tierra de conquistadores y para alcanzarla viajamos por la Vía de la Plata. Ya estamos metidos en el corazón de la historia.
Nuestro navegador nos desvía, un volantazo y entramos en el Parque Natural de Monfrague. Nuestra primera parada. La carretera es sinuosa, pero si te atreves a mirar hacia el cielo veras todo un espectáculo: águilas y buitres sobrevuelan tu cabeza. Para el coche y asómate al balcón sobre el Tajo. Te quedarás asombrado. Hay varias rutas para hacer a pié, de 2, 3 o 4 horas. Tu eliges. Desde luego no te pierdas el salto del gitano.
 El sol se empieza a poner. Volvemos al coche y recorremos los 30 kilómetros que nos separan de Trujillo. En su parador, construido sobre el antiguo convento de santa Clara,  nos espera una buena cama y una buena cena.  Mañana será otro día.
Día 2. Cáceres. Nos levantamos descansados y conducimos hasta Cáceres. Poco más de media hora por una autovía cómoda. El casco viejo es una maravilla, por algo es Patrimonio de la Humanidad. Para entrar hay que subir unas escaleras que hay en la plaza mayor. Callejear por el al sol del otoño es una lección de historia viva. Estilos artísticos se mezclan en sus calles que combina palacios e iglesias de igual belleza. 
La casa de las veletas alberga en su sótanos el aljibe almohade del antiguo Alcázar,entre los siglos XI y XII. Una versión  de las cisternas de Estambul a escala española. No hay que perderselo. 

En el paseo hay que fijarse bien en las fachadas ya que esconden historias curiosas: como la casa del mono. Los escudos nos hablan de las familias principales y de su poder. 
Un descanso para comer, tal vez unas migas en la Plaza mayor y un queso del casar o un buen jamón en el moderno restaurante Oquendo. Si somos más sibaritas el restaurante Atrio es un templo de la modernidad gastronómica.
Por la tarde caminamos hacia la parte baja del casco. Hacia la zona judía, el legado sefardí. La casa de los golfines, la iglesia de los jesuitas y muchas más cosas.
Regresamos a Trujillo. Paseo por la plaza y cena en Bizcocho. Si te animas toma una copa en la Abadía, te sorprenderás. 
Dia 3.Trujillo. Hoy cita con Pizarro. Nos recibe montado en su caballo en plena plaza mayor y nos acoge en el palacio de la Conquista. Una pura ruina. Desde aquí emprendemos la subida hacia el castillo, pero parándonos  en cada fachada, en casa casa perdida o recobrada. La iglesia y sus torres de 100 escalones nos ofrecen una bojnita vista. Las monjas nos venden dulces con una sonrisa, hay yemas y perrunillas.
Y después del castillo de vuelta a la plaza a reponer fuerzas en el Corral del Rey... Se acaba el fin de siemana. La vía de la plata nos devuelve a casa. Nos llevamos oro, la patria de Pizarro nos ha conquistado.

martes, 17 de abril de 2012

Dos días y medio en Viena: tras los pasos de Sissi

Viena, la ciudad de Sissi emperatriz, es un destino para la primavera. La ciudad florece con los primeros soles y anima a caminar, a visitar sus jardines, sus palacios, sus museos. Estos son mis diez imprescindibles para dos días y medio en Viena.

Primer día . Recorrido por el centro histórico

1. Catedral de San Esteban. Iniciamos el itinerario en el corazón de la la ciudad, donde se alza la torre sur de 137 metros de altitud, llamada "Steffl", de la catedral gótica de San Esteban. Hay que subir  343 peldaños para disfrutar de un preciosa vista. 
2. Escuela Española de Equitación. Paseando desde la catedral nos dirigimos hasta el palacio Imperial de Hofburg donde además de múltiples maravillas podemos encontrar la escuela española de equitación, con entrada por la Michaelrplatz. Para asistir a los ejercicios matutinos de la escuela, que realizan con música, no hay que hacer reserva de entrada: se compran en la taquilla de martes a sábado, de 9 a 12.  Por las tardes también hay espectáculo.
3. La Secesión. Caminemos un poco más hasta la Karlsplatz y observemos la cúpula dorada del edificio conocido como La Secesión. "A cada época su arte. Al arte su libertad",  así lo dicen las letras doradas sobre la entrada de este edificio para exposiciones diseñado hace más de cien años por el arquitecto del Jugendstil Joseph Maria Olbrich.
4. Y ya, sin dilación, hacia el Museum Quartier . La plaza de los museos invita a tumbarse al sol con un bocadillo, aunque también hay interesantes bares de diseño. Según gusto y presupuesto.
5. No te puedes perder el Leopold Museum, abierto todos los días hasta las seis, excepto los martes que cierra, y que alberga la más importante colección de Egon Schiele del mundo, así como obras maestras de Gustav Klimt, aunque no su famoso beso.
6.Y ya podemos buscar una  auténtica taberna vienesa Heurige, en la que sirven exclusivamente vino vienés. Se reconoce por las ramas de pino silvestre colgantes y la inscripción “Ausg’steckt“ que indica que el local está abierto. Nuestro día acabó.

Segundo día. Buscando El beso

7 Palacio Belvedere. Empezamos el día con un beso. El que Klimt nos ofrece en el palacio de Belvedere.  Un momento para la emoción. 
8 y 9. Y con este estado de ánimo romanticón decidámonos a seguir los pasos de Sissí, visitando el Palacio de Schönbrunn. La antigua residencia de verano imperial requiere una visita con tiempo por sus numerosas atracciones y maravillosos jardines. Hay hasta un zoológico, además de un museo de carruajes y otro de marionetas. Merece la pena alquilar una audioguía, ya que hay mucho que ver. Para ir hasta allí, está algo alejado, se puede ir en el metro U4: estación Schönbrunn metro U4, el tranvía 60: estación Hietzing tranvías 10, 58, y el autobús bus 10A: estación Schloss Schönbrunn. El palacio está abierto hasta las 17.30, pero se puede permanecer en los jardines hasta la puesta del sol. Ay, qué romántico... Nos retiramos...¿a dormir?

Tercer día. Una jornada en la ópera

10.Y si el viaje finaliza un domingo (este día hay función por la mañana, generalmente a las 11)  debemos a toda costa ir a la ópera. Marcharse de Viena sin hacerlo es imperdonable. Hay una costumbre muy vienesa que son las entradas baratas (2 euros) para asistir a la opera. Hay que ir temprano, hacer cola por la puerta lateral del palacio de la opera, ya verás gente esperando, y comprarlas en una taquilla especial. Son entradas para ver la función de pie, pero desde una posición privilegiada, en el centro de la platea y bajo el palco imperial. Tienes una pequeña barra donde apoyarte un poco y descansar. El espectáculo es tan increíble que no sientes fatiga. No te lo pierdas!!!